¿Cómo ve un obrero la huelga en la Universidad?

 Por Azacán

¿Tendríamos que sentir simpatía hacia los profesores en huelga?


Ni tan siquiera le podemos llamar huelga a un paro de intelectuales. Ellos se parecen más a la burguesía que al proletariado. No están deteniendo ninguna producción, como no sea la producción de burócratas. Están dejando de administrar un sistema cuyo fin se agota en la administración misma; administración de ideas, administración de títulos, de calificaciones, etc. 


En alguna parte Anabel Hernández cita la siguiente afirmación de Arturo Beltrán Leyva: “Nosotros nos llevamos el trabajo y el riesgo, pero los políticos sólo reciben el dinero. En realidad trabajamos para ellos.” Esta afirmación define la relación del Estado mexicano con el crimen organizado. Pero, ¿Para quién trabaja el Estado mexicano? ¿Quién, que esté por encima de los políticos, sólo recibe de ellos el dinero y el poder?


Obviamente la burguesía nacional y transnacional, esto apenas hace falta señalarlo. Pero, en el inter, hay otros sectores beneficiados por el sistema; uno de ellos lo forman las castas doradas de intelectuales. Ellos, con el mínimo esfuerzo, reciben sus jugosas prebendas, sus instituciones inmaculadas y el orden social indispensable para poder dedicarse al cultivo del espíritu. ¿Qué aportan? La garantía de que no arriesgarán la comodidad y el privilegio dando cabida en las academias a ideas peligrosas; sólo la garantía de que serán burócratas dóciles preparando nuevos burócratas que los suplan. El gobierno trabaja para ellos y pretenden dejarlo bien claro: “Si quieres seguir gozando de nuestro cómplice silencio, has de pagarlo bien”.


Los delincuentes que gobiernan podrían decir de las castas intelectuales: “Nosotros nos llevamos el odio popular y nos enlodamos en la corrupción, para que ellos reciban sus altos salarios y vivan pacíficamente en sus torres de marfil.En realidad trabajamos para ellos”.


Así es, de sobra sabemos que el verdadero privilegio en la vida consiste en aprender. Quien administra el saber posee verdadero poder. La pequeña burguesía no goza de paz, está en un riesgo constante. Mientras, el intelectual pone su tranquilidad como premisa para asegurar que la sociedad no piense, para garantizar que el saber y la investigación sean monopolizados por instituciones que sólo respondan a los intereses del capital. Su paz a cambio de violencia para los demás. Una vida estable para guardar silencio ante los clamores populares, para ser cómplices del deterioro de la capacidad intelectual de las clases bajas: mejor para ellos, menos competencia. 


En fin. Un obrero no puede sino asumir que, al igual que las demás instituciones burguesas, la Universidad es su enemiga.


El intelectual, para decirlo en pocas palabras, es el que piensa para que el obrero no lo haga. Cuidado, ya las máquinas los están supliendo en esa detestable labor. La IA supera al burócrata (con creces). Poco a poco va supliendo también a los intelectuales orgánicos del sistema. Claro, porque alejar el conocimiento de la sociedad no es realmente tan complicado. Auguro que se les viene la precarización. Me alegra. 


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