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Mujer fuera del tiempo

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  El tiempo cura, pero tarda. Lo cual hace difícil distinguir la salud de la costumbre. En fin, que el tiempo es fuente de constantes problemas. Mujer fuera del idem aborda esos problemas desde un punto de vista filosófico; en clave Heideggeriana ¿Te suena? Esta obra cierra el ciclo y la trilogía: salir de la nada, salir del silencio, salir de la caja, salir del tiempo. El vacío lo es de memoria; el tiempo hace la memoria. La memoria sirve para habitar el presente desde algún contexto determinado. Pero la memoria trae aparejada una sospecha a veces insoportable: si el tiempo sigue operando, y todo parece indicar que sigue, habrá memoria ahí donde se nos presenta la nada: el futuro. Salir del tiempo significa dejar de padecer. Dejar de cargar con el sentido y con el cuerpo. Es hermoso tener un sentido y un cuerpo qué llevar hacia él; pero duele. Salir del tiempo, alcanzar la indiferencia y un poder de tal magnitud que no precisa de ser usado. Todo poder real es reposo. Esta mujer e...

Mujer ciudad. Todo está invertido

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  Más allá de la niebla mental que ocupa tus días ¿Qué puedes encontrar? Imagínate una obra teatral en estilo Ciber punk. Ya sólo por eso valdría la pena verla. Agrégale a la trama una voz interior, profunda, mística, y un maestro entrañable. Ahí lo tienes, es Mujer ciudad . Imagina tu existencia como proletaria enfrentada de pronto a una necesidad imperiosa de vivir; una repentina voz interior que evoca un origen de totalidad cálida; una manifestación dolorosa de la vida urbana como prisión, como vida gris de un alma encadenada: de un ser celestial cuyo único contacto con el cielo es el buitre que le devora las entrañas. Un alma cuya eternidad radica en ser cuerpo pero que, como cuerpo, puede ser usada, atada, explotada, torturada, eliminada. Nuestros cuerpos sometidos dan pie a una de dos posibilidades: la rebelión o la muerte. “Si alguna vez has estado al revés”… Será preciso escapar al subsuelo, bucear bajo la estructura, salir de la caja con riesgo de la vida. Atreverse a ser ...

Mujer terrestre: aprender la carne

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  ¿Qué se siente nacer? La vida en la tierra es un continuo milagro, pero estamos en ella como arrancados de otra cosa. Vivir es ese momento de percibir toda esta belleza como algo inabarcable, sentir el amor y sus fluidos; una inmersión. El teatro, si es verdadero, es un intenso compartir de emociones y pensamiento. Creo que, en este sentido, Mujer terrestre , de Marcela Morán, es una obra paradigmática. Que necesario resulta, además, un espacio para la comunicación humana en estos tiempos de crisis de lo presencial. El teatro de Marcela es presencia pura. Cuando se piensa, uno percibe este pensar como en solitario; se está solo al pensar, como se lo está en muchas situaciones, pero aquí se percibe esta soledad como inherente al acto: se piensa como se muere, con uno mismo. El pensamiento lleva a la soledad. Pero lo mismo ocurre con la percepción: percibo necesariamente aquello que me trasciende, todo lo que está fuera, lo que no soy yo, lo otro. ¿Cuál es mi lugar en esta infinita...

El despertar de la conciencia (de clase) y la lucha contra el capitalismo

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  Yo pienso que nuestro despertar a la conciencia de clase comienza con la constatación de nuestra carencia ontológica. En el mundo de posibilidades infinitas que el mercado pone ante nuestros ojos, nuestra vida parece estar marcada por la impotencia, por el fracaso y por la pérdida de oportunidades: por la falta. Frente a un espectáculo donde todo parece posible, para nosotros nada lo es. Primera contradicción del sistema. Uno debe empezar por entender que la mayor parte de estas oportunidades no eran tales; no para nosotros. Me refiero a quienes no provenimos de la clase media, quienes transitamos por la vida sin descanso y con la educación más precaria posible. Entonces, al principio, es la insignificancia. Hacernos conscientes de nuestra insignificancia. Somos los proletarios más puros de la historia en la medida en que nuestra humanidad ha terminado de ser vaciada. Nada tenemos que no sea la fuerza de nuestros brazos y de nuestros cerebros. Nuestra carencia ontológica nos enfr...

Nuestro cansancio

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  Ahora estoy cansado. Quisiera hablar en nombre de los cansados, porque esos que ahora hablan tanto del cansancio son siempre hombres libres y satisfechos. Y los cansados debiéramos hablar por nosotros mismos. Es que toda la vida social pende de nuestro trabajo. Y estamos tan cansados que no tenemos ánimo para hablar ni siquiera del cansancio. Estamos cansados de la exigencia, de la captura de nuestra atención y por la ética del trabajo. Estamos cansados porque estamos explotados; sí, pero también, y sobre todo, estamos cansados de no figurar en la vida, de no tener amor ni consuelo, ni esperanza. Estamos cansados de esos mitos tan burdos que se nos ofrecen para encontrar algún sentido al sufrimiento y a la sensación de estar de más. Saberse condenado cansa más que la condena. Aquí todo es cansancio. Son casi las 11 de la noche, debo seguir cortando la tela para mañana, pero escribo; porque nadie habla en nombre de los cansados. Estoy cansado de que siempre alguien se aproveche de...

El Terror Como Sistema

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En México el terror no es una anomalía ni un accidente de la vida pública. Es una forma de gobierno. Durante años se nos enseñó a mirar al crimen organizado como una fuerza externa, como una barbarie que asaltaba al Estado desde afuera. Pero la realidad es más dura: el Estado y el crimen organizado no siempre se combaten; con frecuencia se complementan. Las fuerzas regulares (policía, ejército, fiscalías) y las fuerzas irregulares (cárteles, sicarios, redes de complicidad) no son dos mundos separados. Son dos brazos de una misma tenaza. Uno administra la impunidad; el otro ejecuta la violencia. Juntos producen el terror que mantiene a la población en suspenso. El materialismo histórico permite entender esto sin ingenuidad. Las ideas, las leyes, las instituciones no flotan en el aire: se asientan sobre una base material. En México esa base ha sido, durante décadas, el narcotráfico como industria, la corrupción como sistema y la violencia como tecnología de control. Marx enseñó que la vi...

Los Dientes de Leche...

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 Los Dientes de Leche... Yo, un hombre que casi no duerme, encuentro en internet que en una fosa clandestina de mi país (México) encontraron mil seiscientos dientes de leche. No cráneos. No nombres. Dientes. Como si alguien hubiera querido borrar hasta la forma del rostro, hasta la última prueba de que aquellos seres habían reído, masticado, llorado. Mil seiscientos dientes de niños que apenas empezaban a vivir. Y entonces me asalta la pregunta: ¿para qué traer hijos al mundo si hay miles de personas sin acceso a una vida digna o muriendo a manos del crimen organizado? Yo no soy un sentimental. No vengo a derramar lágrimas sobre el papel. Las lágrimas, en este sistema, se evaporan antes de tocar el suelo. Propongo pensar; pensar, en un mundo como el nuestro, es un acto de violencia contra la mentira. Usted me dirá: "Es una pregunta cobarde, egoísta, propia de quien tiene el estómago lleno". Y tendrá razón a medias. Porque la pregunta no la hace quien vive en la sierra de Guer...