La Prisión sin Muros
Hay una forma de dominación que no requiere policías ni ejércitos. Opera en la boca, en la sintaxis, en el vocabulario disponible. En México, como en la Oceanía de Orwell, el poder no solo prohíbe palabras: las vacía. No se trata de censura explícita, sino de algo más sutil y más eficaz: la pauperización del idioma como metodología de gobierno. Cuando el lenguaje se reduce, el pensamiento se contrae. Cuando las palabras pierden precisión, las ideas pierden filo. Y cuando las ideas no pueden nombrarse, tampoco pueden combatirse. El lenguaje no flota por encima de la realidad material. Es parte de la superestructura, pero no una parte pasiva. El lenguaje no es solo un medio de comunicación: es un instrumento de hegemonía, un territorio en disputa donde se libra la lucha de clases. La clase dominante no solo controla los medios de producción; controla los códigos con los que se nombra la producción. Cuando los tecnócratas imponen un vocabulario pseudoacadémico lleno de eufemismos, no está...