¿Qué hizo bien la 4T?

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Sería muy fácil enumerar los fallos de un gobierno que compite por el título de “peor gobierno de la historia de México” y vaya que padecimos a Díaz, a Calderón, a Peña, a Salinas, a Santa Anna, etc. Pero eso se lo dejamos a los medios de la burguesía anti-obradorista. 



Se me cuecen las habas por decir que nombrar 4T a un movimiento político tan putrefacto es ya, de entrada, una fanfarronada colosal, que AMLO es uno de los más grandes farsantes de nuestra historia, que su ser de izquierda sólo puede tomarse en serio si se le coloca al lado de la ultraderecha yunkista, etc. Pero no lo haré. 


En primer lugar, y si bien morena no se sale del esquema de los narcogobiernos que hemos padecido en las últimas décadas, por lo menos, en su afán de protagonismo, AMLO ha llamado la atención acerca de lo corrompidos que están los poderes legislativo y judicial. Ya no somos sólo nosotros quienes afirmamos que el poder judicial mexicano, en todos sus niveles, está compuesto por delincuentes. Lo mismo vale para el INE: AMLO no se cansa de denunciar lo podrido que está el instituto, lo caro e inútil que es, y que está dominado por una camarilla de burócratas de alto nivel que se dan vida de reyes a costa de engañar al pueblo. Vamos, como si fuera un cuarto poder junto al ejecutivo, legislativo y judicial. 


Segundo. Esto sin proponérselo, pero la 4T dejó muy claro, para quienes no lo querían ver, que el crimen organizado pacta y llega a acuerdos (cuando no pone y quita) con todos los niveles de gobierno. 


Tercero. Y esto sí se los reconozco sin ironía. La distribución de apoyos económicos directos, especialmente a los ancianos. Es un claro acto de justicia del que no creo capaz a AMLO, pero ahí está la realidad. Por nada del mundo diré que se trata de una mega compra de votos, la más grande de nuestra historia. Lo que sí diré es que me alegra infinito saber que una pequeña parte de lo que nos quitan vía impuestos no va directamente a las arcas de los funcionarios, al crimen organizado, al crimen super organizado (es decir, la banca internacional vía deuda externa) o al costoso mantenimiento de nuestro eficiente sistema de corrupción. Por otro lado, estos apoyos sirven como un motivo de autoexhibición de la ultraderecha, que aborrece la idea de que una mínima fracción de lo que nos quitan regrese a nosotros. 


Cuarto. La polarización. Otra vez: los medios de la ultraderecha se la pasan diciendo que AMLO polariza al país. Es cierto y es negativo en tanto que dicha polarización está en la lógica del enfrentamiento entre partidos burgueses (es decir, todos los que participan en las elecciones). Pero es muy bueno en la medida en que se propicia que el pueblo vaya tomando conciencia de que sus enemigos no son de partido sino de clase; que sea testigo del desprecio que le merecemos a la burguesía y a sus lacayos de clase media. AMLO permite que ese desprecio sea palpable. 

 

Y quinto. Creo sinceramente que el gobierno de AMLO tuvo algunos acierto en política exterior. Obvio no en prestar ese vergonzoso servicio de guardia fronteriza y retención de migrantes que hizo para los gringos, ni su negativa a condenar el genocidio sionista contra los palestinos, no, pero creo que dar asilo a Evo, mantenerse al margen de los ataques yankees a Venezuela, algún apoyo a Cuba y la puntada de la carta al rey de españa, hablan bien de México (a excepción de lo último claro, pero qué divertida nos dimos con la reacción de la ultraderecha franquista española). 


Y dos o tres ocurrencias que de pronto te hacen el día, como el apodo del Borolas, o llamarle fifí a la pequeña burguesía y la clase media atolondrada que la defiende.


Que otros digan que el dinero de apoyos que nos llega se esfuma gracias al desmantelamiento del sistema de salud, que los programas están operados con las patas, que los niveles de violencia son asfixiantes en gran parte del territorio. Aquí queremos ver lo positivo. Y lo positivo de todo esto es que entendamos que ningún partido político oficial es bueno, que las instituciones (todas) del Estado mexicano son parte de nuestros problemas y que lo que está mal, lo que se está descomponiendo y nos está matando, es un sistema económico-político llamado capitalismo; que no tiene arreglo, y que, o se muere él o nos morimos nosotros. 

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