De lo bonito de tener ideas (La ideología 1)

 Esto de tener ideas es una gran cosa. Con ellas en tu cabeza puedes hacer lo que muchos consideran la más importante actividad que hacemos los humanos: pensar. 



Tenemos ideas gracias a que podemos aprender un lenguaje. El objetivo del lenguaje es comunicarnos con otras personas que también tienen ideas en su cabeza. ¿Se produciría primero el lenguaje o las ideas? No lo sé. Sólo sé que ambos son de manufactura social. 


Nuestros cerebros reciben el lenguaje y las ideas de nuestro grupo: de la comunidad. Entonces, tu lenguaje y tus ideas no son sólo tuyas; son patrimonio de un gran grupo de personas. 


Ahora imagina lo siguiente: si un grupo externo o un grupo pequeño dentro de un gran grupo tiene la idea de dominar a los demás, ¿Qué sería lo más obvio que debería hacer?

Supón que ya saben que nadie puede defenderse del lenguaje y de las primeras ideas que transporta. ¿No sería lo más fácil del mundo asegurar la obediencia de los demás desde que son niños? ¿Enseñarles ideas y pensamientos que siempre beneficien a los de arriba?

Desde la antigüedad mucha gente, al servicio de los poderosos, se ha dedicado a pensar cómo conseguir que la otra gente piense sólo lo que le conviene al poder que piense. El control ideológico ha evolucionado durante milenios. 


Y no es infalible. Siempre han existido unas pocas personas capaces de pensar más allá de lo establecido; por eso los controles del pensamiento se han vuelto cada vez más potentes. Al extremo de que los propagandistas (así se llama hoy a los ideólogos del sistema) han alcanzado técnicas muy desarrolladas. ¿Escuchaste hablar de las teorías de la conspiración? Buscan convencernos de que la tarea de encontrar huecos en el sistema y de oponerse al dominio ideológico es tan simple e irrelevante que cualquier aficionado a los cuentos de extraterrestres se puede convertir en un experto. Juegan con la “posverdad”: la idea de que todos los relatos son ciertos y de que el discurso científico no es más que otro relato entre muchos. Así, por ejemplo, los estudios sobre la ideología terminan pareciendo otras tantas ocurrencias acerca de conspiraciones. Acá el punto es que puedas saber de todo pero nunca estar seguro de nada. 


A los ideólogos les interesa el contenido de tus ideas, pero también la forma. Es bueno para ellos que creas que cuando votas eliges a tus gobernantes, pero es mejor que creas esto y al mismo tiempo estés convencido de que una sociedad secreta tiene todo el poder político. Ideólogo que se respeta es aquél capaz de hacerte creer en contradicciones. No hay chascarrillo más delicioso para los ideólogos que adoctrinarte toda tu infancia en un rito religioso y luego enseñarte los hechos científicos que refutan la mayoría de tus dogmas de fe; se divertirán de lo lindo viéndote inventar maneras de que afirmaciones contradictorias sean al mismo tiempo verdaderas. 


Ya rotos tus criterios de realidad te van a vender muchas bonitas cosas para que vayas rellenando aquellos vacíos incómodos en tu conciencia. Muchas mercancías fantásticas en cuyos efectos mágicos tú vas a creer con alegría. 


Ya puestos a resolver los problemas por medio del consumo, te van a decir que tu mayor problema es que te sobra mucho tiempo: te aburres. Y ya te ven aquellos rufianes comprando películas, series, videojuegos, viajes, drogas, dispositivos electrónicos. Todas esas cosas que comunican, transportan, imponen, ¿Qué crees?… ¡Más ideas!


Porque se ha descubierto que un esclavo es bueno cuando tiene la cabeza muy vacía, pero es mejor cuando la tiene llena de ideas contradictorias, inconexas, caóticas. Y mucho mejor que lograr que nadie esté pensando, es conseguir que todo el mundo esté pensando todo el tiempo: en comprarse más cosas, en gastar más dinero, y, por ende, en conseguirlo. Sólo así la humanidad toda puede ser como un gran equipo. Todos pensando al unísono en cómo ganar más, cómo optimizar la producción, como vender mejor. O sea, como un gran y eficiente equipo de autodestrucción. 


¿Será que a cada especie animal la extingue su especialización? Si te especializas en pescar y se acaba el pescado, estás frito. Si solo puedes libar de una flor y el prado se incendia; fin. Nosotros, según se dice, nos especializamos en pensar, es decir, en resolver problemas. ¿Será que llegue el momento en que sólo podamos pensar en cómo aniquilarnos?


Lo que pasa es que ya nos han dicho demasiado lo que tenemos que pensar. Un cerebro que se dedica a resolver problemas relacionados con ganar dinero y gastarlo está muy sub-utilizado. O sea que nos vamos a morir más bien de no usar el cerebro que de usarlo. 


Vaya que hay problemas. Los hay más que nunca. El hecho de que el sistema de control ideológico nos obligue a pensar en soluciones que nos acercan cada vez más a la destrucción es señal inequívoca de que ese sistema ya no funciona (o de que ya fuimos). 


Conclusión (para el que no puso atención): El sistema económico e ideológico en el que vivimos es una condena de muerte. Este sistema nos va a entretener pensando en pequeñas soluciones inmediatas, pero, lo que hace falta, urgentemente, es cambiar el sistema.


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