Memoria de los nadie. Herencia vital

 Qué grande que es esa herencia silenciada; la herencia de nuestra dignidad, como pueblo que se rebela. Hay una herencia preciosa que dejan aquellos que han vivido y luchado. Una herencia potente y dolorosa; se requiere coraje para tomarla.


Memoria de los nadie es una trilogía escrita por Antolín Pulido Vázquez. En ella narra sus experiencias como brigadista internacional; su participación en evacuación de niños de zonas de conflicto, proyectos humanitarios, mediación en conflictos, entre otras, especialmente en África y América Latina.

En sus batallas alrededor del mundo Antolín va regando la tierra con su sangre y despidiéndose de sus compañeros caídos; su trilogía es un homenaje a ellos, para que recordemos que aún existe el heroísmo y que hay quien se opone al mal con riesgo de su propia vida.

Su libro contiene intensas narraciones de combate, de camaradería, de justicia; pero también transmite memorias de luchas históricas: España republicana, Cuba de la dignidad, Chile de la resistencia.

Una idea atraviesa el libro: los nadie existimos, merecemos vivir y somos capaces de oponernos al mal. Un potente llamado a la conciencia de clase se desborda por sus páginas. Como la buena literatura, no deja indiferente; el capitalismo destruye a la humanidad y la peor postura posible, por nuestra parte, es la indiferencia.

Memoria de los nadie es una epopeya de nuestro tiempo. La humanidad está en guerra consigo misma porque ha dado la espalda a la justicia. El capitalismo produce monstruos: fascistas o psicópatas que sólo responden al placer y a la avaricia. Bueno es quitarlos del mundo. Los últimos guerreros de la humanidad luchan contra estos lumpen armados; contra los monstruos que pretenden sacrificar a los más débiles en el altar del Dios dinero.

Ellos son los nadie. Esos nadies que se atreven a soñar aún habitando el infierno, o justo por ello. Nadies justicieros de quienes, el primero, Don Quijote, ha sido tan bien imaginado hace cuatro siglos que lo tenemos por vivo. Los nadies son Quijotes nihilistas; Justicieros, soñadores, pero enfrentados a una realidad atroz que no da pie a la esperanza. El Comandante, personaje central de la obra, es un nihilista de humor ácido que siempre encuentra, en sus queridos camaradas y en las víctimas del capital, motivos para amar a la humanidad y luchar por ella.

En su libro, Antolín nos lleva a replantearnos el sentido de la experiencia humana. Leyéndolo nos volvemos a hacer esa perenne pregunta de Sócrates: ¿Cómo hemos de vivir? Ante la confrontación con los terribles efectos de nuestra indiferencia política, que los brigadistas combaten, no puede uno sino caer en que la vida posible, la que han puesto ante nuestros ojos, es una estafa. La vida de consumo y acumulación que en el capitalismo se nos vende como “la vida buena”, es una vida buena para puercos, para cobardes y para discapacitados intelectuales.

El libro muestra los efectos del dominio del capital sobre el mundo. La desvalorización del mundo de lo humano, de la que habló Marx, inherente al capitalismo, alcanza hoy dimensiones apocalípticas. Pareciera que la cosa más valiosa del mundo es esa mercancía, por cuya producción se mata, se roba, se esclaviza, se destruye. Antolín llama la atención sobre la necesidad de proteger la vida en contra de un sistema que lo mercantiliza todo; de un sistema que esclaviza niños, los vende como placer para enfermos o como órganos para gente de corazón podrido; usureros que se aferran a una vida que sólo entienden como goce de la alienación de otros.

Mientras los peores rigen el mundo, la mayoría no dice nada. Los efectos del despojo se ocultan, se niegan, se suavizan. Memoria de los nadie los presenta en toda su crudeza: basta ya de mirar hacia otro lado.

Donde hemos sido educados para mirar hacia otro lado, un escritor como Antolín siempre resultará indeseable; será invisibilizado porque muestra lo que nadie desea ver. Razón por la cuál ninguna editorial ha querido publicarle.

Sabemos que el mundo está mal, que pasan cosas terribles. Pero la gente opera como si, de alguna manera, si no se enterase de los detalles, la situación fuera sostenible. El ciudadano integrado necesita seguir operando, cumpliendo su función absurda en este orden genocida. Para conseguirlo, necesita la apariencia de regularidad que da el no enterarse de nada.

Percibir un mundo al borde del colapso puede llevar a la gente a perder la esperanza, la “ilusión”. Mejor retrotraerse a la vida privada, como dicta el catecismo liberal. La buena conciencia depende en gran medida de no ver. Porque, qué tranquilidad tan enferma sería la nuestra si supiéramos de las atrocidades que están ocurriendo mientras nos dirigimos a nuestros empleos burocráticos, a nuestras fiestas; mientras nos sumimos en nuestros entretenimientos.

Hay gente así, que está aquí para señalar lo que los “buenos” no quieren ver. Antolín ha luchado contra el mal y, hoy que ya no puede por edad y por salud, oponer su cuerpo a la barbarie, la señala, dice claro y directo lo que ocurre y quiénes son los responsables.

Esta es la gente cuyas vidas hemos de celebrar, porque en ellos vive lo mejor de la humanidad y, por intermediación de sus historias, nosotros mismos podemos procurar hacer el bien en nuestro entorno. Hay que intentar, al menos, estar a la altura del honor y la responsabilidad que conlleva compartir el mundo con un Antolín.

El Comandante también reivindica la ternura, el compañerismo, el amor por la vida. Pero todo mezclado con cierto nihilismo, con ese haber presenciado demasiadas atrocidades, ese vivir con el tipo de recuerdos que no permiten dormir ni descansar. Pesado es llevar en la conciencia la constatación del mal: sólo para espíritus fuertes. Quita el sueño y la esperanza. Pero ahí están también esos brigadistas que encarnan el ideal de Martí: “En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres.[...] En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.”

Con algunos destellos de alegría dentro de la barbarie, Memoria de los nadie es un libro ideal para aquellas personas que no se conforman con este orden capitalista de despojo y muerte; para quienes no tienen sueños integrados, es decir, que sus sueños no son compatibles con una sociedad indiferente y esclava. Para quienes prefieren fracasar que triunfar pasando por encima de los nadie. Para los excluidos de la felicidad putrefacta de clase media. A ellos, Memoria de los nadie les recuerda que lo que sea referente al amor es para hoy, porque la muerte está demasiado al asecho.

El Comandante nos enseña que, ante una realidad tan adversa, hay que aprovechar esas pequeñas ocasiones de ser felices, porque son raras y, más bien, anómalas.

Por último, señalar que, si bien el texto que hoy se nos presenta es una primera edición que requiere de alguna corrección, lo que Antolín nos ofrece es una obra potente, bien escrita y con un lenguaje muy original. Lenguaje directo y crudo, pero también bello y tierno en muchos pasajes memorables.

Hay mucha belleza en el texto, de la que ya se ve poco, de la que viene de escribir con todo el corazón. Tal vez somos los nadies, nosotros que tenemos este acceso privilegiado y casi siempre obligado a la fealdad, al odio y al mal, quienes estamos llamados a resucitar la belleza en el arte y en el mundo.

La obra de Antolín está llamada a ser imprescindible.

Sus libros, no podía ser de otra manera, son de descarga gratuita en:

https://antolin-pulido.webnode.es/mi-trabajo/

Se le puede seguir en Facebook y Youtube.

https://www.youtube.com/@antolinpulidovazquez3074/featured

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